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INTERIORISMO

/Julio 2018

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

UN CHOQUE ENTRE LO MODERNO Y EL PASADO

Muebles antiguos, mezclados con estructuras de metal, insertos en una casona de inicios del siglo XX recientemente remodelada donde se respetó la esencia de los años de esplendor de Valparaíso, y se les entregó un toque de las nuevas tendencias en diseño y decoración.

Texto: Alejandra Romero Cabrera Fotografías Sofía Musa Muencke
CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

Cada objeto y cada mueble que decoran este acogedor Apart Hotel fueron pensados para ser ubicados precisamente en el lugar donde encuentran. Aquí nada se hizo al azar. Fue un largo proceso que duró cerca de un año, en el que logró plasmarse en el interior de una casona del año 1910, una perfecta combinación entre el pasado y las tendencias modernas en arquitectura e interiorismo.

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En este lugar no hay recargos, todo se entrelaza con gusto y simplicidad, con colores claros en las seis habitaciones que conforman el hotel y con tonos fuertes y de contraste en la recepción, los que van muy bien con las maderas nobles del piso y la caja de las escalas.

 

Destacan desde el exterior, la reja de la ventana principal hecha con hojas de filodendro de metal, las mismas que decoran la lámpara principal de la recepción y un gran móvil que cuelga desde el tercer piso en el patio de luz del hotel, realizadas por el artista porteño Rodrigo Villalobos,y, que casualmente, le entregaron el sello a la marca, nos cuenta Karen Lein, dueña de Augusta, Ingeniera Comercial oriunda de Santiago quien se vino a armar una nueva vida en la región. “Cuando entramos por primera vez al hotel estaba vacío y en proceso de remodelación, la que estuvo a cargo de los arquitectos Fantuzzi y Rodillo, los mismos que hicieron el Hotel Fauna y El Internado.”

 

Pero fue Carola Arias, periodista y dueña del Bazar La Pasión, quien se encargó de darle alma y vida a los tres pisos de la casona, sin dejar atrás el subterráneo. Nos comenta que fue un trabajo largo y muy pensado, “todas las habitaciones tienen una personalidad característica y todo fue apareciendo de a poco. Como los toalleros de bronce antiguo que decoran los seis baños. Cada objeto y cada mueble del hotel están pensados para el lugar donde debe estar”. Por ejemplo, uno de los sofás de la recepción, de estilo normando, estuvo guardado por años y en este lugar encontró su sitio ideal. Se logró lo que se quería: un hotel de alto estándar, con cuidado en los detalles, el servicio y la atención pero rescatando el alma del Valparaíso de antaño.

 

Las paredes fueron decoradas casi todas con cuadros o marcos antiguos, destacando un gran cuadro vertical en la recepción pintado por el artista Felipe Quiñones y un mapa colgado en una habitación que data de 1911. Del gusto por colgar sólo marcos nos señalan que “se usa mucho en la decoración, los marcos por sí solos son bastante decorativos. Además que todos son de estilo y materiales distintos, de madera o yeso y algunos son lisos y otros con relieves”.

 

El hotel abrió sus puertas en febrero de este año y, con la idea general del concepto de interiorismo: “un choque entre lo moderno y el pasado”, y eso es lo que encontramos, un rescate serio y comprometido con el alma de un pasado porteño.


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