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ENTREVISTA

/Marzo 2019

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

Juan Daniel Zuloaga

Un Ceramista con Linaje

Familia cuya tradición ha sido el arte y que ha realizado trabajos para la Casa Real Española desde el siglo XIX, los Zuloaga son conocidos por sus incursiones en la armería, el grabado, los damasquinados, la pintura y la cerámica. Esta última es la que permanece en el pequeño taller que este artista tiene en Segovia.

Texto y Fotos: MARISOL ORTIZ ELFELDT
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Juan Daniel tiene un amplio prontuario, de esos que llenan de orgullo y también pesan en los hombros. Su bisabuelo Daniel y sus tíos Guillermo y Germán Zuloaga aprendieron el arte de la cerámica en Sévres, cerca de París, a mediados del siglo XIX, para volver a España con los conocimientos necesarios e iniciar la marcha de la Manufactura Real de Porcelana de la Moncloa, en Madrid. Todo esto a raíz de que su tatarabuelo, armero, grabador y damasquinador, tenía cargos en la Casa Real Española, ya que era descendiente de una saga de armeros vascos.


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La historia familiar, que puede parecer un cuento de Cervantes, no se detiene ahí. Vinieron varios Zuloaga que heredaron y siguieron con los oficios de sus antepasados, siendo el pintor Ignacio Zuloaga Zabaleta el más famoso y conocido. Su abuelo, Juan Zuloaga Estri- gana, y sus hermanas siguieron con el taller de su padre, que hoy es el Museo Zuloaga de Segovia, en la antigua Iglesia de San Juan de los Caballeros; y luego fue su padre, Daniel Zuloaga, también ceramista y profesor de cerámica, el que montó su taller en la Plaza de la Merced, donde Juan Daniel continúa el legado.

– Desde tu posición de heredero de un linaje en la artesanía, ¿qué te enorgullece de tu historia familiar?

Siempre ha sido difícil o duro lograr algo en la artesanía. Mi bisabuelo Daniel fue un genio de la cerámica en España. Su época fue más difícil que la actual y logró ser considerado uno de los mejores ceramistas españoles, especialmen- te a finales del siglo XIX y principios del XX, y eso en vida es cosa muy complicada de lograr. En España, creo, solo él, en Segovia, y Ruiz de Luna, en Ta- lavera, tienen museo propio con sus nombres y apellidos, y sobre su obra.

– ¿Crees que este oficio es valorado como seguramente lo viste en tu abuelo y tu padre?

Depende, hay gente que lo aprecia y hay gente que no le interesa. Hay quienes lo entienden y quienes no. Suele ser lo normal, además, por la tiranía de las mal llamadas primeras artes (pintura, escultura) y porque la cerámica es considerada arte menor o arte aplicado, fronteras que se difuminan con el arte moderno, la pluridisciplinariedad y la multitud de técnicas artísticas que se usan actualmente. Pero por desgracia los tópicos y simplificaciones siempre existirán.

– ¿Cuál es tu visión de la cerámica hoy?
Cada época es diferente; los estilos, las modas, los gustos, las personas, la cultura, las tendencias no son iguales. Mi bisabuelo vivió una época de furor por la cerámica artística aplicada a la ar- quitectura; fue de los primeros en ha- cer Modernismo en Madrid, por ejeplo. Eso no se da ahora. Además, hoy mucha gente hace cerámica con maneras diferentes de abordar o expresarse y diferentes técnicas. El progreso científico y las mejoras en los procesos son enormes; mi bisabuelo, mi abuelo y sus hermanas trabajaban con hornos de leña o carbón para lograr sus magníficas cerámicas.

– Veo que has mantenido los diseños tradicionales. ¿Has incorporado algunos creados por ti?
Sí, hago modelos antiguos diseñados por mis antepasados, sobre todo de mi bisabuelo, pero también de mi abuelo, sus hermanas o mi padre; y también cerámicas más modernas de estilo propio, las cuales se venden y son, para mi sorpresa, muy apreciadas.

– ¿Qué materiales y técnicas ocupas pa- ra hacer tu trabajo?

Trabajo sobre todo con arcilla roja de Segovia, pero también con pastas blancas, lozas o porcelanas. Las piezas de cerámica las hago modeladas o a torno de alfarero o a molde; muchos de estos últimos son ya centenarios, diseño y obra de mis antepasados. Para decorar las cerámicas siempre lo hago usando técnicas cerámicas españolas de larga historia, como la cuerda-seca, la arista o cuenca, el esmaltado, los esmaltes pintados, el bajo cubierta, los colores a la grasa y los lútres o reflejos metálicos, estás dos últimas técnicas a tercer fuego. No por nada denominamos nuestra cerámica como artística, por la riqueza en la decoración y en los dibujos.

– ¿Cuál es tu público?
El público español era antes el principal pero ahora son los estadounidenses, canadienses, chinos y países del Extremo Oriente; también mexicanos, brasileños, australianos y neozelandeses. Hace dos meses me compró una familia de origen español de Manila, en Filipinas, lo cual me hizo mucha ilusión, y hace un mes un señor de Tasmania. Unos chilenos me enseñaron la palabra alcuza, preguntándome si vendía alguna; resulta que aquí usamos aceitera en vez de alcuza, que es una palabra de origen árabe preciosa. Eso me hizo dudar de que hablase bien castellano (ríe).
¿Después de ti, quién seguirá la tradición de los Zuloaga ceramistas?

No lo sé. Mi pequeño Daniel tiene 10 años; tiene buenas cualidades, es sensible y listo, ya dibuja bien, modela con gracia y es expresivo en las cositas que hace y le salen con facilidad, sin pensarlas mucho, pero no quiero obligarle o forzarle… Sería malo. De todos modos, tendrá libertad para hacer como quiera; mi padre lo hizo así conmigo.


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