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ENTREVISTA

Mayo/2017

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

Joaquín Pacareu, anticuario:

“SOMOS GUARDIANES DE LOS OBJETOS”

Con más de 30 años dedicado a la comercialización de antigüedades, el especialista español se inició con una tienda en Suiza, donde se formó. Sin embargo, fue en Chile donde, por amor, se estableció definitivamente. Actualmente es uno de los anticuarios más reconocidos en el país.

Por Valeska Silva Pohl / Fotografías Sofía Musa Muencke
CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

Joaquín Pacareu es español. Nos cuenta que desde que era un niño sintió amor y una gran pasión por las antigüedades, amor que transmitió su familia, pues sus dos hijos trabajan hoy en su tienda ubicada en Nueva Costanera, en Santiago; un reconocido lugar en la capital donde encontrar valiosos objetos del pasado.
Pacareu se inició profesionalmente en el año 1983 con una tienda en Suiza, que mantuvo en paralelo un tiempo con la que abrió en Chile. Pero es en este último lugar en donde se quedó definitivamente.
“La razón por la que llegué a Chile fue porque me especializaba en armas antiguas –las que por lo demás me gustaban mucho– entonces compraba regularmente en países como Argentina, Uruguay y Chile, y fue acá donde conocí a quien hoy es mi ex mujer. Durante varios años tuve las 2 tiendas, en Suiza y en Chile, y viajaba regularmente. Estaba un mes aquí y un mes allá. Hasta que los niños crecieron, entonces me instalé definitivamente acá.

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¿Cómo se inicia en el mundo de las antigüedades?

Parte porque es mi pasión. A mí me gustaban las antigüedades desde chiquitito. Cuando era pequeño me iba a la Plaza Real –en Madrid– y compraba cosas como pequeñas insignias, por ejemplo. Fue una inquietud propia, desde niño. Y cuando a uno le empiezan a gustar estas cosas comienza a gustarte también la pintura, las esculturas. Empieza uno a disfrutar lo antiguo, va aprendiendo, se va informando.
¿Por qué Suiza?, ¿cómo llega desde España a instalarse con una tienda en Suiza?
Particularmente yo tuve la suerte de vivir en Suiza, donde el tema de las antigüedades tiene un nivel muy alto, y lo bueno es que ellos siempre han sido muy generosos con sus conocimientos, entonces aprendí mucho, visitaba a amigos anticuarios que me enseñaron muchísimo del tema.

¿Cómo ha sido su experiencia en Chile?, ¿cree que tenemos interés por las antigüedades?, ¿valoramos lo antiguo?
Sí, yo diría que hay un gran interés y una gran clientela. Hay un grupo importante de personas que vibra mucho con las antigüedades. También existe un poco el rubro asociado más a la decoración, de la señora que viene a comprar un escritorio o un arrimo que quiere para la entrada de su casa, pero siempre existe el coleccionista de marfiles, el coleccionista de ciertas pinturas o el de armas antiguas, por ejemplo.

¿Entonces en el país hay un mercado activo?
Es un mundo que siempre se mueve, anticuarios ha habido desde la época del Imperio Romano. Pero en Chile sí hay un mundo de coleccionistas y un mundo de aficionados, a todo nivel.

Anticuario: coleccionista pobre
En su tienda es posible encontrar pintura chilena, pintura extranjera, muebles de los siglos XVIII y XIX, esculturas, objetos coloniales, platería, objetos de bronce, artículos orientales, entre muchos otros. “Tenemos de todo porque este es un espectro muy amplio. No se sabe lo que puede entrar por la puerta. De repente nos hemos encontrado con cosas muy curiosas”.

¿Cómo por ejemplo?
Por ejemplo, la caja fuerte que está en la entrada de la tienda y que perteneció a la guardia imperial de Napoleón, este tiene los símbolos de las dos águilas napoleónicas de la guardia. Entonces, seguro fue una caja para guardar los sueldos de los soldados o algunos documentos.
Y sucede que llegan objetos que no quiere vender, que preferiría conservar…
Sí, claro que pasa, pero tienes que pensar una cosa: el anticuario es un coleccionista pobre. Porque si fuese un coleccionista rico, yo no vendería nada… (sonríe). Eso me lo dijo hace muchos años un gran anticuario argentino: el anticuario es un coleccionista pobre, porque si no, guardaríamos todo y nos quedaríamos con las cosas.
Por eso, tenemos el placer de que las cosas están un tiempo con nosotros, en el fondo uno es el guardián de los objetos, porque hasta la persona que puede comprar un Monet, por 100 millones de dólares, es un simple guardián. Porque cuando él no esté, la obra va a continuar en manos de otras personas. Por lo tanto, uno tiene que verlo pensando que hay gente que tiene más suerte de pertenecer cerca de algo más tiempo y otras menos. Unos los heredan y tienen que venderlos; otros los compran y los disfrutan un tiempo. La vida es caduca pero las cosas continúan. Imagínate cuántos propietarios ha tenido un mueble del siglo XVIII. Durante el tiempo que está conmigo, soy un simple guardián, lo resguardo, eso es todo. Por ello también el coleccionista es un guardián, porque las cosas van pasando a través de las generaciones. Hay que tener esta filosofía de la posesión.
Pero también como sostiene el dicho ‘sobre gustos, no hay nada escrito’. “Hay cosas que no se venden en 10 años, ¡o en 15! Y hay cosas que se venden en un día. Yo digo, de repente los objetos tienen su vida, hay algunos que uno los compra y los encuentra maravillosos, pero pasan 10 años aquí; y hay objetos que uno piensa ¡esto es espantoso!, y llega alguien y lo compra.
Algunos de sus clientes pasan a ser sus amigos. “Mucha gente viene constantemente y para ellos es un panorama venir acá y ver lo que ha llegado. Son esos clientes que se convierten en grandes amigos, que ya luego de un tiempo son tus amigos porque cuando uno tiene el mismo interés por alguna cosa acaba haciendo una amistad que se mueve por el interés común, que te une.

¿Qué pasa con las generaciones más jóvenes?, ¿hay interés por lo antiguo?
Están un poquito más lejos, pero ojo, hay coleccionistas jóvenes por ciertas cosas. Pero las generaciones van cambiando. En general, a los más jóvenes no les interesa tanto y en la medida que se van haciendo mayores, les interesa más. Pero como te digo, también tenemos coleccionistas jóvenes, lo que es bueno porque como yo digo, “es sabia nueva”.
Entre las más diversas anécdotas que ha pasado durante todos estos años, el anticuario recuerda una en el Palacio de La Moneda. “Me dijeron: este es un tintero que perteneció al Presidente Bulnes, un tintero de plata, sin embargo, dije no, esto es un tintero de plaqué del 1900 y al que además le falta la palma de la sabiduría, y luego les envié el catálogo correspondiente. En ese entonces estaba en la mesa del Presidente Lagos, como un preciado artículo perteneciente a Manuel Bulnes. Sin embargo, también pasa todo lo contrario cuando la gente tiene cosas y no sabe el valor que tiene y se sorprenden o cuántas cosas se pierden sin conocer su valor, a veces cosas maravillosas, que las destruyen porque las modifican o dejan a los niños que las usen como juguetes o se las entregan a un carretonero que pasó. Simplemente porque no saben lo que son y el valor que tienen.

www.pacareu.cl


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