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PATRIMONIO

octubre/2017

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

RESIDENZ, EL PALACIO REAL DE LOS WITTELSBACH

La austeridad alemana y el gusto por el filo clásico hacen sentido al recorrer el palacio de la familia real de Baviera por su exterior, pero tras sus gruesas paredes reposan y relucen engalanados estilos arquitectónicos, diseños opulentos y una fina decoración.

Por Mauricio Rojas Casimiro, desde Alemania.
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Los Wittelsbach es una Casa Real europea de origen y dinastía alemana que gozó del más elevado poder en el viejo continente entre los siglos XIV y comienzos del XX. Su esplendor pretérito se ve reflejado hoy en la majestuosa Residenz (Residencia o Palacio Real) ubicada en pleno centro de Múnich. Aunque se erigió en 1385 bajo el nombre de Neuveste (Nueva Fortaleza) con el correr de los siglos se fue transformando en un ilustre palacio con más de 130 habitaciones, 10 patios, iglesias, un teatro y en el último período se sumó el tesoro familiar.
Es a partir del siglo XVI -con la unificación del ducado de Baviera- cuando la Residenz toma ribetes excelsos en cuanto a amplitud, decoración y dosis de vanidad. Aquel cambio vino de la mano del gobierno de Alberto V quien mandató la construcción de, lo que hoy se conoce como, Antiquarium: un amplio salón renacentista que acoge silenciosamente, hasta hoy, una colección de bustos del Duque. En lo alto de la cubierta afloran frescos que resaltan gracias a la luz que se cuela por los cristales en la zona media de la galería.

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Un siglo más tarde, bajo el recordado reinado de Maximiliano I, la residencia real adquirió mayores dimensiones con la construcción de nuevas fachadas, patios interiores, la Capilla de la Corte o la proyección del Hofgarten, un jardín aledaño que hasta el día de hoy es celosamente adornado con árboles y plantas florares de la estación. Durante este período destaca la apertura del Salón Imperial, un extenso vestíbulo con segmentos de mármol rojo, grandes tapices con alegorías sobre figuras heroicas y pinturas en la cubierta que simbolizaban la idea de la virtud principesca de la época: soberanía, sabiduría y fama. En aquel entonces fue la sala más grande e importante de la Residencia y lugar predilecto para acoger las suntuosas fiestas y ceremonias de la aristocracia muniquesa.
Pero su real dimensión decorativa interior cobró su máxima riqueza con la llegada, a comienzos del siglo XVIII, de reconocidos arquitectos amantes del estilo barroco como Henrico Zucalli, Joseph Effner y principalmente de François Cuvilliés. Este último maestro teutón (de origen galo) fue quien construyó en un delicado y adaptado estilo rococó el Teatro del palacio considerado una de las joyas de la residencia. En honor a aquel trabajo, la sala fue rebautizada como Cuvilliés Theatre.
Otro espacio destacado, y construido en esta misma época, es la Galería Ancestral donde se encuentran plasmadas en sus paredes, con finas terminaciones doradas, más de 100 retratos de la familia real. Finalmente, quienes visitan este palacio (hoy reconvertido en museo) se asombran en las Habitaciones Lujosas que contienen coloridos tapices y revestimientos, taburetes y muebles encargados a los artesanos parisinos y una decoración con relojes, retratos e instrumentos de la época. Singularmente atractivo, es observar el ornato y dimensiones de los camastros reales.
Hoy la Residenz es considerado el palacio urbano más grande de Alemania y una de las residencias reales más completas y mejor decoradas de toda Europa. Por ello los muniqueses -a pesar de su escueta inclinación por exponer su buen vivir- no pierden la ocasión para invitar al forastero para que pasee y descubra su orgulloso pasado real y patrimonial.


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