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ENTREVISTA

/Julio 2019

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

Ignacio Favilla, arquitecto

Reconstruyendo Valparaíso

Apasionado del patrimonio arquitectónico porteño, el profesional se dedica a dibujar planos de inmuebles que ya no existen o que se encuentran en ruinas, como una manera de rescatar los edificios históricos de la ciudad.

Texto: Paula Chávez Garrido - Fotos: Marisol Ortiz Elfeldt
CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

Mientras estudiaba tercer año de arquitectura en la Universidad Católica de Chile, Ignacio Favilla se dio cuenta que en Valparaíso había construcciones incompletas y surgió su inquietud por reconstruir los planos en su estado original. “Habían varios edificios que parecía faltarles un pedazo, por eso empecé a indagar y me fui a revolver documentos al archivo municipal”, explica.

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“Así empecé a digitalizar lo que tenía a la mano; foto de plano antiguo que encontraba, al computador, corroborando con fotos antiguas, salidas a terreno y el trago amargo que es dibujarlo, no por complejo, sino porque te hace ver lo mucho que se ha perdido”.
Esa labor la sigue desarrollando hasta hoy, como una manera de generar consciencia en la comunidad. “Cuando tenga avanzado mi catastro, pretendo dar a conocer el patrimonio perdido y en peligro con vecinos, colegios y juntas de vecinos”, detalla.

– ¿Cuál es el diagnóstico de esta investigación?
– Valparaíso, al ser una ciudad que generó, por distintas razones, una arquitectura única e identitaria con respecto a otras ciudades, ha sufrido el peso de la normativa que podría regir en otra parte, y por ello con el paso de los años sus edificios y espacios públicos, cúpulas en casi cada esquina, palacios, torreones, se han perdido, siendo nada más que un cascarón vacío.

– En la actualidad, ¿cuántos edificios definitivamente se perdieron, demolieron, se rescataron o están en proceso de restaurarse?
– La lista de pérdidas es larga, mucho más que el patrimonio que hoy tiene el Consejo de Monumentos. Yo diría que el 50% de Valparaíso se ha ido a piso, y no por terremotos, que es la excusa mediocre de las autoridades cuando “deben demoler”. Entre algunos de los desaparecidos y en proceso de catastro que trabajo están el Edificio John Brown, los hospitales Van Buren, Deformes, y Ferroviario, el Gasómetro, la avenida Brasil completa, varios casos en Subida Ecuador, varios cités, edificios del Barrio Financiero, los cuarteles de Bomberos, el antiguo Hotel Iberia y varios más; inmuebles invisibilizados al ciudadano por la falta de difusión de la historia arquitectónica. A la fecha son escasos los proyectos de recuperación, y principalmente por la mala estructuración del Consejo de Monumentos, que opera desde Santiago; o sea, acá en Valparaíso hay una especie de sucursal del CMN en un pequeño espacio en una torre de 20 pisos de Av. Errázuriz. Como institución yo creo que están atados a una normativa extremista y un tanto vaga: o no está protegido o no le puedes cambiar un solo cerámico.

– Desde ese punto de vista, ¿cómo ves el apoyo que brinda el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio?
– El patrimonio en Chile se maneja desde la normativa pura, un gran obstáculo. Es decir, ser propietario de un edificio histórico debiese ser un privilegio, pero como la política patrimonial del Estado es limitada y poco clara, no financian la mantención; sólo exigen que lo preserves estupendo. El Consejo de Monumentos, por su parte, apoya lo emblemático; para ellos Valparaíso es Reloj Turri, Baburizza, ascensores y ex-Intendencia, y sería. Además, con el debido respeto, el Consejo debe ser la institución más perjudicial para Valparaíso a la fecha, pues para aprobar un proyecto de intervención se toman meses en responder desde Santiago si puedes seguir o no. Hay profesionales muy competentes, pero falta personal, falta dignificar a la institución y ubicarla como un Consejo que proponga, decida y ejecute, pero ellos velan, redundantemente, por los Monumentos y la Zona Típica, no por los inmuebles “estándar”. Ahí debo indicar el problema radical: la mayor parte de Valparaíso cuenta con ICH (Inmuebles de Conservación Histórica) que no reciben incentivos del Estado y están bajo la supervisión del Minvu, cuya especialidad e interés no es el patrimonio. El Consejo se enfoca en la Zona Típica, que es Sotomayor y los cerros turísticos, y ahí te hinchan por una reja o una ventana mal puesta, pero en El Almendral se están cayendo dos iglesias centenarias y la demora en su recuperación es tal porque no están en Zona Típica. Creo que hay un trabajo gigante por delante, porque ahora el cuidado patrimonial está parcelado, no se planifica en conjunto, y eso craquela la ciudad.

– ¿Cuáles crees que serían las medidas o soluciones para poder encargarse de una manera real y concreta del rescate de estos edificios?
– En primer lugar, reformar a la Dirección de Gestión como el gran Departamento de Patrimonio de Valparaíso, trabajando con el Consejo; que nadie pase sobre ellos: ni la Dirección de Obras ni el Minvu. Ellos deberían tomar las decisiones de si algo histórico se demuele o no, esté o no fichado como patrimonial; luego de la decisión con buen criterio sobre un edificio se debiese pasar al tema normativo de otros departamentos, no al revés. Agreguemos a eso, por supuesto, subsidiar la mantención eléctrica y de instalaciones de los edificios que van quedando. Luego, crear un plan de incentivos a los propietarios, sumando una normativa de criterios, lineamientos y prohibiciones para construir en El Almendral, porque hay una serie de monstruos ahí, y no sólo es el Congreso: están el Mall Paseo Ross, esa terraza temática-caricaturesca en Francia con Pedro Montt, Cencosud y La Polar en Barón, o el plastificado que le hicieron al Crucero Rubio en Parque Italia. En fin, cuidar la manera en que harás algo nuevo en los sitios eriazos, para contribuir a la ciudad histórica que queda y, por otra parte, buscar el rescate de estos edificios viejos que están con “una ceja menos”, es decir, sin cornisa ni ornamentos ni impostas, ménsulas, etc. Al final si no recuperas íntegramente un edificio patrimonial estás usando una cáscara que bien podría haber sido construida ayer.

– ¿Cuáles son las tareas pendientes?
– Reformar completamente al Consejo de Monumentos, y ubicar a nuestro Consejo en un lugar digno de Valparaíso, un epicentro del manejo histórico, que trabaje codo a codo con la Dirección de Patrimonio. Luego de eso, proponer una altura uniforme de obras nuevas para todo el Plan de la ciudad; es decir, construir ocho pisos en El Almendral es ridículo; es el doble de la altura de cualquier edificio histórico aún en pie. En lo humano, dar a conocer a los porteños que el patrimonio no es de élite, es de todos, pero que hacer ciudad también lo es, que no hay que ponerse a la defensiva a exigirle todo al Estado, porque en su infinita burocracia las respuestas llegan con una década de tardanza. Creo que lo más urgente es educar patrimonialmente; Valparaíso no tiene un museo que revele su historia como ciudad ni un museo ferroviario, que urge ya que es un patrimonio, a mi parecer, en peligro de extinción. Hay que respetar lo que es de todos y sentirse orgulloso.