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ENTREVISTA

/Enero 2019

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

Felipe Assadi, arquitecto

“No tener una línea es la línea”

Sostiene que nuestro país tiene una reconocida cultura arquitectónica. Movido por una visión reduccionista; la materialidad y la estructura son las temáticas que hoy lo ocupan.

Por: Valeska Silva Pohl Foto: Sergio López Isla Fotografías proyectos: gentileza Felipe Assadi
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Tempranamente la trayectoria profesional de Felipe Assadi fue destacada. Arquitecto de la Universidad Finis Terrae y actual Decano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la misma universidad, se ha desarrollado exitosa y paralelamente en ambos ámbitos. La oficina que lleva su nombre y el trabajo académico siempre ha sido parte de su trabajo. De hecho no se visualiza en solo uno de ellos.

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La oficina que lidera está compuesta por 4 personas y se amplía en período de más trabajo. “Hacemos pocas cosas al año, pero con gran dedicación. Trabajamos por encargo principalmente y participamos de concursos, pero no tenemos una gestión propia de lo que hacemos. Nuestro auto encargo tiene una revisión crítica del programa porque creemos que todo tiene una posible segunda mirada. No necesariamente el mandante tiene claro lo que necesita, a veces tiene más claro lo que quiere pero no lo que necesita, que es muy distinto.
Las últimas cosas que hemos hecho casi no tienen diseño, son tal como son y las estructuras tal como funcionan. ¿Dónde está el diseño? En cómo se complementan esas cosas con los materiales secundarios y terciarios y cómo se complementan con la vida de la gente que va a habitar esa estructura. Es otra escala de diseño, otra manera de verlo”.

¿A qué se debe?
A que somos reduccionistas. Hay una reflexión importante de variables y ese reduccionismo implica que tienes que dejar cosas fuera por opción, sea económica o conceptual. La arquitectura se pone más brutalista, los elementos son el material que son y no tienen revestimiento, no hay embellecimiento de las cosas. Un muro de hormigón es como es. Siempre hemos preferido los materiales por sobre los productos. Eso te hace más primitivo, en el buen sentido de la palabra. Además, hay ahorro en horas de diseño. Hemos puesto nuestro esfuerzo a favor de ser más primitivos, que las cosas se entiendan a la primera mirada y que no haya que explicar nada. Prefiero hablar de un modo de hacer más que de un proyecto en sí mismo.

CIRCULO VIRTUOSO
Tal como sucede con los proyectos que realiza en el país, su gestión en el extranjero responde a solicitudes de clientes que llegan a buscarlo. Ha trabajado en países como Argentina, México, EEUU, Guatemala, Ecuador. “La arquitectura chilena ha tenido muy buena difusión internacional. La calidad de lo que se hace aquí está determinado por hacer las cosas bien hechas. Ha convertido la arquitectura, la ha sacado del servicio y la ha llevado más al ámbito del deseo… Chile tiene una cultura y una educación arquitectónica muy avanzada. Creo que tiene que ver con las escuelas de arquitectura, que son muy buenas. Pero no olvidemos que las escuelas las hacemos los arquitectos también. Hay un círculo virtuoso que podría explicar que sea un país culto en arquitectura. Hay una serie de factores que influyen. Tenemos una condición insular como país que nos ha hecho estar más cerca del territorio, del paisaje, de nuestra geografía y eso nos ha acercado a la materia. La economía nos ha permitido generar proyectos con un poco de soltura y tenemos un paisaje alucinante, variado, muy potente que se nutre de la arquitectura, y ésta se nutre también del paisaje. Tenemos arquitectos y artistas de muy buen nivel…”, señala.

Para Assadi su carrera está marcada por la renovación constante. “Hay arquitectos que han trabajado siempre en una sola línea, yo toda mi vida he trabajado en no tenerla. Finalmente me doy cuenta que no tener una línea es la línea. Uno tiene que estar todo el tiempo reinventándose”, explica.

¿Y el futuro?
“Ahora estamos dedicados a los hoteles boutique, en paralelo con las casas. Es algo que me apasiona, que nos ha dado buenos resultados. Finalmente veo el hotel como una proyección de ciertas fantasías que uno tiene en el ámbito doméstico. También me veo a futuro más dedicado a ese tipo de proyectos que a hacer solo casas…Y como sueño frustrado, algún día voy a terminar haciendo escultura. Me encantaría. Nunca lo había dicho, a lo mejor si queda escrito… me voy a poner las pilas. La escultura es una especie de extracto conceptual de lo que estoy haciendo. Me encantaría no tener que ponerme más una camisa, ni zapatos ni ensuciarme las manos con el hormigón”, concluye el arquitecto.


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