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PATRIMONIO

Enero/2017

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

Estación de Quintero

LA NOSTALGIA DE ESPERAR EL TREN FRENTE AL MAR

En el corazón del otrora balneario de la pequeña burguesía, se ubica la estación que ya no aguarda ningún vagón, ahora rehabilitada y destinada a abrigar el traqueteo de los sueños del litoral, bajo el diseño original del arquitecto Juan Rau, quien imaginó Quintero a comienzos del siglo XX.

Por Valeria Barahona Valenzuela / Fotografías Patricio Rudolffi
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Bajo los ronquidos silenciosos de las vigas de la antigua estación de trenes, se fragua el futuro cultural del antiguo balneario de la pequeña burguesía de inicios del 1900, Quintero, comuna que obtuvo el traspaso en comodato del terminal ferroviario estatal, donde hoy opera la oficina patrimonial.
Alrededor de los funcionarios públicos, circula el espíritu de la firma de Juan Rau, el arquitecto de la familia Cousiño que diseñó la estación, contratado por el patriarca del grupo, Luis Cousiño Squella, quien en 1872 creó el pueblo tras la compra de un terreno de 200 cuadras, destinadas a ser el lugar de veraneo de sus amistades.
La idea era construir viviendas aisladas con amplios jardines en las vías públicas, parques y plazas, en una búsqueda por alejarse de la ciudad convulsionada. De esta forma, el ajetreo santiaguino quedaba cuatro horas atrás. Sin embargo, sobrevino la muerte y el sueño del empresario lo concretó su hijo Alberto, quien es el autor del trazado de la comuna, cuyo centro es la estación con aires nórdicos dibujada por Rau.
Ya en 2013, dada la ausencia de trenes, el edificio fue traspasado por EFE a la administración municipal, que inauguró su restauración con la vitrificación de los pisos de madera, conservando las tablas originales, al igual que las vigas y piedras de los muros del primer piso, las que fueron extraídas de la cantera del lugar.
Asimismo, en la ornamentación encontraron su lugar muebles de época donados por los vecinos, los cuales, sin embargo, aún esperan un debido proceso de conservación. Al lado de estos sillones tallados, se encuentran las sillas propias de la estación, iluminadas por focos de falso histórico, instalados al centro de los muros de material liviano que reemplazaron a las clásicas paredes de tabiquería y adobillo.
No obstante, en algunos pasillos es posible disfrutar de las vetas de las maderas gracias a la posición de los antiguos tabiques al desnudo, testigos silenciosos de la opulencia del siglo XX que condujo al trazado del inmueble inspirado en construcciones nórdicas, tal como las casas que aparecen en las postales de Los Alpes, con tanque de agua incluido.
Hoy por hoy, aquel depósito hídrico reposa libre de óxido en medio del jardín, lugar hacia el que miran las imitaciones plásticas de teja con las cuales fueron reemplazadas las originales piezas de arcilla, que se hacían a mano sobre los muslos de los obreros.
Una vez dentro de la estación de Quintero, se puede recrear la venta de boletos gracias a la sobrevivencia de dos ventanillas que dan hacia la calle, además del sonido de la máquina de escribir perteneciente a un jefe de estación, Dagoberto Ferrari, cuya memoria también conserva el largavista metálico para avizorar el vapor de la locomotora, y la papelería oficial de Ferrocarriles del Estado (EFE) a mediados del 1900.


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