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LUGARES

octubre/2017

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

LA JERUSALÉN DE EUROPA

Hablar de Toledo es rememorar el pasado religioso del viejo continente. Entre sus piedras ocres convivieron bajo un mismo e intenso sol musulmanes, judíos y cristianos. Aquí, las leyendas medievales y la arquitectura respiran por sus calles.

Por Mauricio Rojas Casimiiro, desde España
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La ciudad de piedra se levanta orgullosa a un costado del río Tajo y desde las alturas se impone con sus historias de guerras religiosas, reconquistas y mitos por doquier. Quienes visitan Madrid, siempre dejan un día para recorrer las enlosadas calles de Toledo, ya que en solo media hora en tren -y a precio amable- es posible conocerla. Si el mismo personaje Don Quijote de la Macha fue capaz de deambular con su estoico Rocinante, bien vale la pena entonces conocerla y rememorarla.

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Las puertas toledanas
Ingresar a Toledo te lleva inmediatamente al tiempo remoto, ya que se entra por diversas y vetustas puertas o puentes de piedra. El calor implacable del verano (normalmente sobre los 35º) no es impedimento para zambullirse en las callejuelas que tienen como centro neurálgico la plaza Zocodover que desparrama una serie de travesías para comenzar el recorrido. Entre diversas tiendas de artesanía de fabricación de cuchillos y armaduras medievales, se llega guiado casi por el azar a la Catedral de Santa María (S. XIII) de claro y vistoso estilo gótico. Es de tal dimensión que antiguamente se podía acceder por mas 5 grandes puertas y en su interior alberga más de 10 capillas.

La ciudad de las tres culturas
En siglos pasados y después de cruentas batallas, Toledo supo conjugar entre sus vecinos a musulmanes, cristianos y judíos. Por ello, aún perviven antiquísimas y restauradas iglesias, sinagogas y mezquitas. En este amasijo de creencias, la antigua mezquita del Cristo de la Luz llama la atención por su mixtura arquitectónica determinada precisamente por la religión. Levantada en el siglo X, bajo un estilo andalusí y mudéjar, posteriormente fue transformada en iglesia. En su interior perviven pilares de estilo arábico, antiguos frescos y un cristo de madera que da cuenta de esta simbiosis.
Sin duda, que la presencia cristiana-católica es la de mayor relevancia con la Catedral gótica y el monasterio de San Juan de los Reyes que aún conserva en la fachada al río Tajo unas vistosas cadenas colgantes que simbolizan a los cautivos liberados y como emblema del triunfo de la fe cristiana. Los vestigios judíos son representados por el barrio de la judería que acoge hasta hoy las sinagogas del Tránsito y Santa María la Blanca. Además, en pleno corazón del barrio, habita la Casa-Museo El Greco con muestras de pintura y escultura de los siglos XV al XX, muebles y objetos de la época. Su contemplación lenta, es un imperdible.

El Alcázar, el señor de Toledo
El Alcázar es una grandiosa fortificación sobre rocas, ubicada en la parte más alta de la ciudad. Desde allí, mira con cierto grado de arrogancia al resto de la villa. Su historia nace con el mundo romano, fue testigo de decenas de conquistas y fue símbolo de la guerra civil del S. XX. Hoy conserva los fondos del Museo del Ejército español y es la biblioteca de Catilla-La Mancha. Una de sus características más resonante es que en cada una de las cuatro fachadas, ilustra un estilo arquitectónico diferente, destacando el talante de su lado norte: el género plateresco (transición entre el gótico y el renacentista).
Pero Toledo tan bien sabe de sabores. Aquí, por ejemplo, se fabrica un codiciado mazapán que cuenta con denominación de origen. El hambre de la tarde, se pasa con una contundente carcamusa: un magro de cerdo guisado con tomate y verduras, acompañado de rebanadas de pan. Mientras saboreaba esta especialidad, uno de los comensales del clásico Bar Ludeña, me comentó que el nombre se debe a que antiguamente la tasca era frecuentada por clientes masculinos de cierta edad (los carcas) y por algunas señoritas más jóvenes, que ellos consideraban sus musas.
Antes de partir, bien vale la pena subirse a un viejo trencito para contemplar -desde el perímetro- la ciudad en su esencia. Desde los cerros aledaños y con vista privilegiada, se alza una Toledo imponente como el mejor retablo de un maestro artesano.


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