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ENTREVISTA

Mayo/2015

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

LA “GUILLOTINA” DE VALPARAÍSO

“¿Cómo es posible que una ciudad que le ganó el territorio al mar para construir ciudad, finalmente entrega el borde, que era el lugar de intercambio por excelencia?”

Por Daniela Rojas Ovalle / Fotografías Sofía Musa Muencke.
CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

Desde su adjudicación el pasado año, el proyecto “Terminal 2” ha sido parte de una fuerte polémica por restar participación ciudadana a una de las conversiones de mayor impacto en Valparaíso. Sus defensores prometen más empleos y mejoras en la economía; los detractores, en cambio, hacen énfasis en la pérdida del borde costero. Personas de distintos rubros e instituciones, como Alberto Fernández, aseguran que una medida como ésta viene a condenar a “la ciudad puerto” a dejar su esencia y transformarla en “una ciudad más”.
La Universidad de Chile es una de las cuatro instituciones agrupadas tras “Pabellón Valparaíso”, uno de los tantos proyectos que han salido a flote tras el cuestionado T2 adjudicado por la empresa española OHL. Su unión a la Universidad de Valparaíso, Católica y Católica de Valparaíso, ha sido parte de la lucha que ya otras organizaciones habían levantado en pos de recuperar la costa de la otrora llamada “Joya del Pacífico”. Aquí, conocemos más detalles de esta nueva propuesta, que intenta devolver el sentido de la ciudad y proyectarla de una manera más sustentable.

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¿Cuándo se crea esta alianza entre las cuatro universidades?
Hemos trabajado alrededor de nueve meses juntos. Esto partió cuando fue el incendio del cerro y nosotros (la UCH) comenzamos a trabajar con la Universidad de Valparaíso por nuestra cercanía histórica, y la Católica hizo lo propio con su par de la ciudad. Llegó un punto en que nos pusimos a conversar en pro de estas agendas paralelas y comenzamos a generar una colectiva. Entonces entendimos que si planteábamos la crítica constructiva a partir de proyectos-que es lo que poco se hace en Chile-, que si no alzábamos la voz por Valparaíso que sobrevive, Valparaíso sin mar sería una ciudad más.

¿Qué elementos los hicieron fijar su atención en el proyecto T2?
Hicimos una pregunta: ¿Cómo es posible que una ciudad que le ganó el territorio al mar para construir ciudad, finalmente entrega el borde, que era el lugar de intercambio por excelencia? […] Es muy curioso que en nuestro país exista una política en la cual hay acceso libre al mar, se dé la pelea por eso y, sin embargo, esa pelea no tiene el mismo apoyo en Valparaíso respecto a su borde. Es como si colocaras un muro como el de Berlín entre la ciudad y el puerto, y eso no tiene ningún sentido.

¿Y en qué consiste su propuesta?
“Pabellón Valparaíso” plantea cómo el puerto podría seguir siendo funcional, operativo, expandirse; pero sin traicionar la vocación de Valparaíso como una ciudad que tiene salida al mar, salida al mar ciudadana, que es algo que se ha ido perdiendo consecutivamente.

Pensémoslo de la siguiente manera: la ciudad sigue siendo patrimonio. ¿Qué pasa si a Valparaíso le reconoces que no es tan sólo un puerto mercantil, sino también un puerto de personas? Amplías su dimensión. Empiezas a transformar a Valparaíso en un polo de atracción considerable del cono sur, no sólo en términos de transacciones, sino también del punto de vista turístico. La empleabilidad crecería enormemente, porque habría una población flotante mayor y tendría una reconversión económica enfocada no sólo a lo mercantil, sino a lo turístico y al movimiento de personas.

Las propuestas tienen que ver con reconocer la vocación de puerto de Valparaíso. Esto se amplía, pero le genera un movimiento protegido. El T2, en cambio, deja todo abierto a las alzas de marea. Ésta es una zona en que los barcos encallan, en que hay alzas de marea, y quieren poner un muro de conteiners que el mar va a botar y va a dejar la escoba.

Pero ustedes comenzaron a trabajar con un proyecto ya adjudicado.

¿Cree que sería posible revertir esa situación?
Ha habido casos en que se ha echado pie atrás. El problema es que cuando esto se licita, se debe pagar una multa a las empresas que se lo adjudicaron, y ése es el problema. Hay un tema de voluntad y entender que las cosas no se han hecho bien, ni por parte del Estado ni la empresa que administra; porque, en rigor, a partir del desconocimiento, se ha operado en el tiempo; y nosotros con las otras organizaciones, lo que hemos hecho es informar y quitarle el velo a los ciudadanos de lo que se ha hecho en sus narices.

Aquí existe falta de reconocimiento público de que las cosas no se han hecho bien.

¿Cómo es posible que se tomen decisiones que afecten una ciudad simplemente para darle un beneficio a un privado?

Eso no suena bien. La empresa portuaria podría decir “es que Valparaíso ya está desvinculado del borde por la existencia del tren”. Claro que puede ser, pero resulta que también existen propuestas muy interesantes, como la del Colegio de Arquitectos de Valparaíso, en la cual la línea del Metrotren se desplaza unas cuatro cuadras al interior, y así optimiza su uso y da más acceso al mar, salvo por el T2 que estaría como valla en la costa. Con una planificación correcta hacia el futuro todo es perfectible. Puede que las inversiones no sean menores, pero el impacto positivo en la ciudad y la regeneración del tejido urbano son un bien mayor.

Pero si no se han hecho bien las cosas, ¿por qué cree que han sido atacados este tipo de proyectos alternativos?
Porque el T2 no tiene ni pies ni cabeza. Estamos hablando de colocar un terminal en un lugar desprotegido, con dificultad de acceso para el movimiento de carga, que destruye la poca relación que queda con el puerto y destruye la posibilidad futura de desarrollo de Valparaíso como un puerto de personas, y no tan solo uno mercantil. Actualmente Valparaíso está en la guillotina, el T2 es que caiga esa guillotina.
En abril se informó que el inicio de obras -proyectado para enero de 2016- se aplazaría un año.

¿Podría servir de algo ese tiempo?
Sí. Esperamos que este retraso permita replantear cómo se están llevando a cabo las cosas. No decimos que no se desarrolle o que no se amplíe el puerto, sino que se haga de manera inteligente, que no destruya Valparaíso. Creemos que este aplazamiento, además, da señas de que, al menos, están escuchando el ruido que hay afuera.


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