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TENDENCIAS

ENERO/2016

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

LA GENTRIFICACIÓN DEL BARRIO ITALIA, MÁS ALLÁ DE UNA RENOVACIÓN ESPACIAL

Cuarenta años atrás el Barrio Italia tenía una apariencia totalmente distinta: residencial, con conventillos, almacenes, boticas y otros negocios de barrio, calles de tierra, niños jugando a la pelota, a las bolitas y a la cuerda. Le decían “el patio de atrás de Providencia”, por ser de gente simple y trabajadora.

Por Javiera Silva Ábalos / Fotografías Sofía Musa Muencke.
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María nació en el año 52’, en la casa donde su papá, Luis Henríquez, abrió el almacén Caupolicán, que hoy ella continúa administrando, y donde también vive. En esa época vendían carbón y leña trozada. Después que llegaron los anticuarios a la calle Caupolicán, el almacén parece haber quedado en el pasado junto con ellos.
Es patente el contraste entre la Av. Italia, donde en cada esquina aparece una propuesta diferente de diseño e innovación, y Caupolicán, que simulando ser una estación de trenes, aprovecha la arquitectura de la fachada y da escenario para todas aquellas tiendas de antigüedades llenas de recuerdos de un pasado, donde todos se conocían y los comercios locales eran el motor de la vida del barrio.
De residencial ya no tiene mucho, para todos los lados hay tiendas, restaurantes, bares, cafés, galerías y emprendimientos de nuevos actores que llegaron junto con la ola de tendencias que trajo el Barrio Italia desde 2009.

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Ernesto López-Morales, profesor e investigador de urbanismo de la Universidad de Chile, quien recientemente participó en la organización y como expositor de la Conferencia COES (Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social), con la ponencia Discutiendo la utilidad de la gentrificación “planetaria”, me recibió en su oficina en la FAU para conversar sobre este proceso de recambio y renovación llamado “gentrificación”.
En mi observación la renovación del Barrio Italia ha conllevado un desplazamiento obligatorio de los antiguos habitantes, y con ellos aquella vieja tradición, que en una cierta y pequeña medida aún se puede apreciar en la calle Caupolicán.
A lo que López-Morales agrega “la gentrificación se define como la expulsión de segmentos pobres o usuarios de bajos ingresos debido a la llegada de usuarios de altos ingresos, a raíz de la inyección de financiamientos”.
“En el caso del Barrio Italia, en los años 70’, el escenario comenzó a cambiar: llegaron las cadenas de farmacias y grandes tiendas que hicieron desaparecer paulatinamente el comercio local, provocando una migración de los antiguos residentes para la periferia de la ciudad. El almacén Caupolicán es el único almacén que va quedando por aquí, de esos que venden de pequeñas cantidades y que aún mantienen “el libro de fiados”, cuenta María Henríquez.
Y la familia Henríquez es de las pocas que han podido convivir con las nuevas tendencias junto con las tiendas de los anticuarios, gracias a un gran esfuerzo para resistir, porque lo que ellos ofrecen se ha convertido en un objeto y en un nicho que ha quedado descontextualizado. Por un lado, tienen un aumento en el nivel de costos, y por otro, una mantención en el nivel de la demanda.
Los caseríos patrimoniales, amplios y a precios bien económicos, debido a este periodo de decadencia, poco a poco fueron siendo habitados por artistas que vieron en estas edificaciones ventajas comparativas. Luego el factor moda se instaló y los amigos que no eran artistas invirtieron, dando inicio a esta ola de nuevas tendencias, proceso al cual se denomina “gentrificación clásica”.
De esta forma, el suelo comenzó a valorizarse por la llegada de factores culturales y económicos diferenciados, y así aparecieron otros nuevos actores, las inmobiliarias, que terminaron por aumentar el valor del suelo a niveles insustentables para los viejos habitantes, detentores de gran parte de la historia, los recuerdos, el patrimonio intangible del Barrio Italia.
María Henríquez es testigo de este recambio social, la mayoría de las antiguas familias se vieron obligadas a dejar sus propiedades o negocios porque de un mes a otro les subieron el arriendo o llegaba una inmobiliaria a hacerles una buena oferta, deshabitando los barrios céntricos para ir a habitar las zonas periféricas.
Pero para algunos, como los nuevos locatarios, esta renovación es positiva, porque ha atraído a un público con un mayor poder adquisitivo y han mantenido el valor patrimonial arquitectónico, aunque esto se vea reducido a las fachadas. “En Barrio Italia encuentras lugares cálidos y acogedores, muchos de ellos atendidos por sus propios dueños. También significa productos hechos a mano, donde cientos de pequeños emprendedores ponen su creatividad día a día para entregar un producto o servicio de calidad”, comenta Iván Saint-Anne, dueño del emporio Infierno Gourmet.
Estas y otras iniciativas también han potenciado el desarrollo turístico del barrio: las mesitas en la calle, la variedad gastronómica y hotelera, la diversidad de ofertas comerciales, en su mayoría con matices de innovación, lo que me recuerda al barrio Palermo en Buenos Aires, solo que a una escala mucho menor.
Sin embargo, algo falta, y López-Morales lo relaciona al concepto que la americana Sharon Zukin, profesora de Sociología de la Universidad de Brooklyn, llama “pérdida de autenticidad”. Ella habla de la gentrificación como “la mercantilización de la autenticidad. Lo auténtico que es la expresión cultural, la estructura social que habita un barrio, los colores, los olores, todas las actividades que puedan caracterizar al barrio, se compra, se readecua y se vuelve a ofrecer al mercado a precio diez veces mayor”, acota el profesor de urbanismo.
A lo que agrega: “Hacen falta políticas públicas para que determinados inmuebles sean declarados de interés social y se mantengan a los antiguos propietarios ahí”. El Estado de Chile se ha caracterizado hasta ahora por implementar políticas que benefician a los inversionistas, pero al contrario no se ha problematizado la desterritorialización de los antiguos habitantes. No hay aún ninguna regularización respecto a esto, y a su vez no hay evidencias de casos de convivencia de los dos grupos, “el gentrificador” y “el gentrificado”, porque el desplazamiento se plantea como una condición necesaria de la gentrificación, lo que inevitablemente lleva a pérdidas de valor humano y social.
Más allá de la revitalización visual y arquitectónica, queda planteada entonces, la cuestión de cuál es el patrimonio a proteger, cuál es la importancia de lo auténtico frente a una imperativa renovación espacial.


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