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ENTREVISTA

febrero/2018

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

LA CÁNDIDA MEMORIA DEL PUERTO

La búsqueda y revalorización de la historia chilena también halló asidero en el diseño, a través de objetos domésticos como juegos de naipes o manteles, que hablan, sin palabras, de los primeros habitantes de la ciudad puerto.

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Rosa, lavanda, menta y anís podrían ser los cuatro aromas que definen el pasado de Valparaíso, de acuerdo a una recopilación histórica apostada sobre el ascensor El Peral, la cual emparenta a los dibujos del naturalista francés Claudio Gay, realizados en el siglo XIX y ahora plasmados en ropa de casa; o las calugas de leche artesanales, en memoria de los primeros fabricantes cuyas vacas pastaban en los cerros de la ciudad, todo esto, en una apuesta visual destinada a acoger con calma al viajero a través de una narrativa cargada de nostalgia, pero proyectada hacia el futuro.

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“La vida porteña” se llama la tienda creada por la historiadora del arte, especializada en patrimonio, Agustina Phillips, quien, confiesa, se sintió inspirada en los recuerdos que uno, como turista, puede traer desde el casco histórico de Madrid. “Estaba con una beca en el Museo Arqueológico y ahí vi mucho souvenir con historia, con diferenciación. Eso pensé en aplicarlo a Valparaíso, porque me gusta viajar y llevarme algo, una postal, un imán, algo chiquitito pero bonito, no tan común”.

Gay, probablemente, nunca imaginó que su obra científica iba a transformarse en objeto de decoración, ¿cómo fue retomar su legado visual?
En mi casa siempre estuvieron las láminas (del ‘Atlas de la historia física y política de Chile’, publicado en 1854 y reeditado hasta la actualidad), mi abuela las tenía, entonces es algo que siempre miré y uno tiene añoranza del pasado, de la casa de la abuela.
Esa mezcla de nostalgia y ciencia hoy es posible llevarla a la mesa a través de manteles, impresos a dos colores con serigrafía sobre algodón. O guardarla en el ropero, cual buen secreto, mediante saquitos de lavanda. “Son cosas demasiado personales”, afirma Phillips con un dejo de orgullo y pudor, agregando que en el catálogo, por ejemplo, están “las almohaditas de anís que mi abuelo nos daba cuando nos portábamos bien”, y que se vendían afuera de los cines y teatros.

¿Por qué crees que se está dando este resurgimiento del interés por la historia?
La gente está buscando un poco su identidad, el diseño está enfocándose en Chile, en los orígenes, en armarnos nosotros mismos de lo que es ser chileno. En todas las áreas se está revisando nuestra historia, porque creo que todo lo de afuera ya está tan a la mano, uno tiene toda la tecnología. La información que hay en Internet es tan amplia, que hay un grupo de personas que quieren meterse en el rollo chileno… Pienso que los millennials vienen así.

En la página web de la tienda, cada cosa tiene una breve reseña, como el té, por ejemplo, que, dice, en Chile es el único país de Latinoamérica donde desplazó al mate, que el agua hervía a las 17 horas en punto, y que los lugares para este ritual de lo cotidiano eran los cafés Vienés y Bavestrello, entre otros.

¿Cuál fue la idea de incluir estas descripciones?
Es para darle más onda, algo corto, para que sepas de dónde viene lo que te estás llevando (como una mezcla de earl grey y cedrón). La idea es dar un poco más de información, contextualizar de dónde son los productos, de qué están hechos, con qué gente trabajamos, pero uno no está comprando una obra de arte, ni algo de pretensión, sino que algo chiquitito pero que uno sepa de dónde viene, porque uno igual ve muchas cosas que están en cualquier parte del país, las mismas, entonces uno no sabe de dónde son.

¿Cómo escoges los productos? Porque es una curatoría que va desde utensilios de casa hasta libros…
En mi cabeza está la idea del producto, que nace de un recorrido por la ciudad, comprando etiquetas, yendo a la Biblioteca Severín, revisando los diarios antiguos para ver qué había en otras épocas y también prestar atención a las fascinaciones de uno, como ese juego de los niñitos a los que se les pegan las prendas de ropa: cuando chica me encantaban y compré una colección entera en la feria de Avenida Argentina. (En la tienda) hay muchas cosas que a mí me gustan, entonces es una mezcla, pero también escucho mucho a la gente de Valparaíso, que me cuenta qué es lo que había, como la pastilla pololeo o,‘¿sabís? En el Bar Inglés se juntaban a jugar naipes y dominó’, entonces ahí sí, ya, mando a hacer un dominó, pido reeditar unos naipes con unas postales antiguas, etcétera. Hacemos distintos productos clásicos, que no son innovadores o actuales, es decir, no vamos a hacer una mochilita para el iPad, sino que se va a tratar de objetos que han estado toda la vida en las casas.


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