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INTERIORISMO

Agosto/2017

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

LA BELLEZA DE LO CLÁSICO

Exclusivo mobiliario del siglo XVIII, platerías y piezas únicas distribuidas por varios rincones, alfombras persas y paredes con obras de artistas locales, son la base de la decoración de Acontraluz, hotel ubicado en el Cerro Alegre que invita al descanso de la mano de la tradición y los materiales nobles.

Por Alejandra Romero Cabrera / Fotografías Sofía Musa Muencke
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Clásico. Esta es la palabra que refleja la esencia de las líneas interiores del Hotel Acontraluz del cerro Alegre. Muebles antiguos de maderas nobles, alfombras del oriente tejidas a mano, lámparas de cristal originales de la vivienda que data de fines del 1800, todo, perfectamente combinado logrando un ambiente cálido y de una belleza singular que invita al descanso y la contemplación.
Desde el hall de entrada, pasando por la recepción, sala de estar, comedor, salas de reuniones y música, bar y las habitaciones, está todo prolijamente instalado, pensado en la combinación exacta de colores y texturas, y dándole espacio también entre sus paredes a cuadros de artistas de la zona contribuyendo así a un círculo virtuoso de desarrollo sostenible.

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La creadora de toda esta belleza clásica es Verónica Castillo, dueña de Acontraluz, a quien siempre le gustaron los muebles y objetos antiguos, los que compraba y restauraba ella misma. Gracias a esto, hoy cuenta con exclusivas piezas del siglo XVIII, otras tantas del siglo XIX y varias de tiempo de la posguerra. “Antes de que esta casa fuera un hotel boutique era mi casa familiar, por lo que muchas de las cosas que se ven principalmente en las áreas comunes eran parte de la decoración de mi vivienda”.
En el 2009 fue inaugurado Acontraluz, luego de pasar por una extensa restauración donde se botaron murallas, fusionó la antigua casa familiar con su par de al lado, se recuperó el subterráneo donde hoy funciona el bar y construyó por completo el tercer piso con amplios tragaluces que le dieron luminosidad a la antigua casona estilo alemán.
Con estos arreglos se crearon 13 habitaciones, algunas con vista al mar y otras con terraza hacia los cerros multicolores. Su decoración es sencilla, privilegiando la luz, los colores tenues y buscando un ambiente familiar y no estándar de hotel. “La idea nuestra es que las personas que están en el hotel se sientan en la comodidad de su casa, es por esto que pensamos en una decoración cálida y acogedora, no estandarizada como la de los hoteles tradicionales. Cada habitación posee cuadros pintados por artistas locales y los cojines y pieceras son hechos por una diseñadora de la zona también”, cuenta Verónica Castillo.

RINCONES ESPECIALES
Este remanso de tranquilidad cuenta con rincones especiales que hacen que el recorrido por el hotel sea un continuo descubrimiento. Uno de ellos es el bar. Ubicado en el subterráneo de la casa, es un espacio amplio, con paredes de piedra – que son la base de la vivienda – y mobiliario en tonos rojos y negro. La barra fue fabricada con maderas reutilizadas de la misma casona, ladrillos y un apoya pies de bronce que fue parte de la barra del antiguo y tradicional Club Valparaíso. También cuenta con una cava de vinos y un escenario donde –según señala Verónica – ha tocado el cantautor chileno Manuel García en un espectáculo íntimo, además de otros cantantes.
Otro rincón que merece la atención es la sala de música, llamada así porque en ella se ubica un piano que fue comprado gracias a unos contactos hechos por el pianista Roberto Bravo, quien también se ha presentado en el hotel para deleitar a pasajeros e invitados con su música. Aquí se encuentra también un antigua caja de cartas de uno de los primeros hoteles de Valparaíso, el Aubry, y a un costado de ésta un original del dibujante y grabador Carlos Hermosilla.
En este recorrido no puede dejar de mencionarse la sala de reuniones, amplia, luminosa y elegante, cuya protagonista es una gran mesa de los años 50, acompañada de aparadores y elegantes lámparas de techo y pie.


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