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LUGARES

/Noviembre 2018

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

Entre Europa y Asia

Estambul: Un imperio para los cinco sentidos

La única metrópoli del mundo levantada sobre dos continentes es un viaje sensorial que invita a sumergirse en las huellas de cada uno de sus nombres: Bizancio, Constantinopla y Estambul. En sus calles los imperios romano y otomano llevan al visitante por un camino que huele a café, tiene sabor a especias y encandila con su colosal arquitectura.

Texto y Fotografías: Ivanna López M.
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Si hay un sentido que se estremece apenas llegar a la capital histórica, cultural y económica de Turquía es el oído. Independiente de la religión que se profese o el idioma, el llamado al rezo musulmán, que retumba en los rincones de Estambul cinco veces al día, sorprende. Se asemeja a un canto e invita a mirar alrededor y darse cuenta por qué se le llama también “La Ciudad de las Mil Mezquitas”.

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Los minaretes le otorgan identidad y la hacen reconocible incluso en un boceto a mano alzada. La silueta más famosa de este lugar del planeta es la mezquita del Sultán Ahmet, popularmente conocida como la “Mezquita Azul” por los más de 20 mil azulejos de ese color que adornan la cúpula y su parte superior.

 

Tenía apenas 14 años cuando asumió el poder. Ahmet quería a cualquier costo levantar un monumento que pudiera superar a Santa Sofía, la basílica bizantina que fue la mayor iglesia del mundo cristiano hasta la llegada de los turcos a Constantinopla en 1453. Justo al frente de ella, ordenó la construcción de la Mezquita Azul en 1609 con una característica que escandalizó.Cuatro minaretes era la cantidad máxima, pero él le puso seis, igual que el lugar de culto de La Meca, el sitio más sagrado del islam. Para aplacar las críticas por su vanidad tuvo que mandar a construir un séptimo minarete de regalo para la mezquita de Arabia Saudita.

 

Se podría abandonar Estambul sin visitar el Palacio Topkapi (residencia de los sultanes), sin pasear por el Gran Bazar, la Plaza Taksim o sus tradicionales hamán(baños turcos), pero jamás sin haber apreciado la magnificencia de Santa Sofía.

 

La basílica construida por el emperador romano Justiniano, concluida en el año 537, fue convertida en mezquita casi mil años más tarde. Ahora es un museo visitado por más de tres millones de turistas al año.

 

Los mosaicos cristianos y la decoración musulmana se unen en el interior de esta estructura que fue una fantasía geométrica de la arquitectura para su época y que no esconde sus debilidades.

 

De su suelo con zonas desniveladas, varias de sus columnas de mármol inclinadas y gran parte de sus arcos reforzados, surge su mayor misterio: Cómo es que ha sobrevivido en pie a la historia y a devastadores terremotos.

 

La hospitalidad de los turcos- incluso los que insisten por vender una alfombra- y lo conveniente de los precios complementan una ciudad que desde las alturas de la Torre Galata y desde el Bósforo es sublime . Un crucero de una hora y media para navegar por el estrecho que separa la parte europea de la asiática, cuesta menos de ocho mil pesos por persona.

 

No importa si se es amante del café o del té, Estambul es un paraíso. Las delicias turcas, con infinitas variedades de baklavas, están por todas partes. Al final del día, el llamado al rezo ya es familiar en este país laico de mayoría musulmana. Una ciudad que navega entre dos mundos, demasiado ordenada para ser de Oriente, increíblemente mística para pertenecer a Occidente. //.


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