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ARQUITECTURA

junio/2017

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

Gugghenheim Bilbao

EL MUSEO MÁS BONITO DEL MUNDO

Si se hubiera hecho una consulta ciudadana para saber si se construía este museo en la ciudad de Bilbao, España, el resultado hubiese sido negativo. Muchas voces se levantaron en contra de lo que se pensaba era un adefesio y ningún aporte a una ciudad que fue importante en la extracción del hierro pero que ante la crisis en el área, la economía local hacía agua. Hoy no sólo es uno de los museos más visitados del planeta sino ostenta la categoría del museo más lindo del mundo y genera millones de euros en turismo lo que le ha permitido a Bilbao renacer de las cenizas y constituirse en un punto obligado de visita.

Texto y fotos: Marisol Ortiz Elfeldt
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Diseñado por el arquitecto Frank Gehry, representa un magnífico ejemplo de la arquitectura más vanguardista del siglo XX. Desde su inauguración en 1997, el museo ha recibido una media superior al millón de visitantes anuales, causando un impacto extraordinario en la economía y la sociedad vasca, impulsando el turismo en la región y promoviendo la revitalización de múltiples espacios públicos y privados, además de mejorar la imagen de la ciudad.
El Museo está rodeado de atractivos paseos y plazas en una zona de reciente urbanización, superado su pasado industrial. La característica más llamativa es el innovador edificio en el que se emplaza, constituido por formas curvilíneas y retorcidas, recubiertas de piedra caliza, cortinas de cristal y planchas de titanio. Cuenta con una superficie total de 24.000 m2, de los cuales 10.540 m2 están

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reservados para las exposiciones, distribuidos en 19 galerías. Se ubica a orillas de la ría de Bilbao, en una zona denominada Abandoibarra, junto al puente de La Salve. La parte más alta del edificio está coronada por un gran lucernario en forma de flor metálica que cubre el Atrio, uno de los rasgos más característicos del edificio.
Dentro del aparente desorden de la envolvente, existe un patrón que rige la volumetría. Este es el empleo en todos sus elementos de la máxima curvatura que soporta el titanio. El museo visto desde el este se ve más ingrávido que desde otros lugares, y se pueden observar extraños paralelogramos curvos y torcidos que conforman la sala del pez. Por lo general, las ventanas del edificio tienen formas más racionales. Posee una serie de bloques con formas rectas y racionales en la zona sur, la que mira al centro urbano de Bilbao. Las formas de estos edificios contrastan espectacularmente con los diseños curvos y libres de la parte más famosa del museo.
Gehry, para escoger el revestimiento se fijó en las plumas y escamas de muchos animales. Observó sus fijaciones y la posibilidad de movimiento que dan. Decidió usar «escamas» rígidas de manera que se monten unas encima de otras. Las piezas son metálicas, de aleación de zinc y titanio. Cada pieza tiene una forma única y exclusiva al lugar que ocupa, y está ligeramente almohadillada para que se adapte perfectamente. A este efecto se le conoce con el término ‘boatiné’. El acabado de las cerca de 33.000 finísimas planchas de titanio consigue un efecto rugoso y orgánico, al que se suman los cambios de tonalidad del material según la atmósfera reinante.
Debido a la complejidad matemática de las formas curvilíneas proyectadas por Gehry, éste decidió emplear un avanzado software inicialmente utilizado en la industria aeroespacial, CATIA, para trasladar fielmente su concepto a la estructura y facilitar su construcción.
El interior del museo también tiene elementos curvos. Una vez en el Vestíbulo, que sirve de distribuidor, se accede al Atrio, auténtico corazón del Museo y uno de los rasgos distintivos del diseño arquitectónico de Gehry. Se trata de un gran espacio diáfano de volúmenes curvos que conectan el interior y el exterior del edificio mediante grandes paredes acristaladas y un gran lucernario cenital. Los tres niveles del Museo se organizan en torno a este Atrio central y se conectan mediante pasarelas curvilíneas, ascensores de titanio y cristal, y torres de escaleras. La Gran Sala tiene forma de pétalo y tiene un solo pilar muy alto que da esbeltez a la estructura. Bajo el grueso techo de la misma hay una estructura metálica que lo sujeta.
Así, esta ciudad desarrollada como una pequeña villa de corte industrial y actividad portuaria hasta fines del siglo XIX; ha logrado reconvertir su imagen como “referente de innovación a nivel ciudad” en menos de tres décadas. En Bilbao conviven la cultura, el arte y el diseño, con una importante transformación urbana. “La ciudad no tiene nada que ver con la de hace 20 años”, se nos dice permanentemente y es que sus habitantes lucen orgullosos el salto que ha experimentado la localidad. El Guggenheim cambió la imagen de la ciudad, y esto lo han entendido los propios bilbaínos que hoy reciben más de tres millones de visitantes al año lo que les remite un trascendental aporte a la economía vasca. ¿Qué dirán hoy aquellos que tan tenazmente se oponían a su construcción?.


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