MVMEDIOS: Club de Lectores - Casa ETC. - Nuestro Mar


PATRIMONIO

MARZO/2017

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

En los costados del estero

EL MÁGICO DESIERTO AL CENTRO DE VIÑA DEL MAR

El libro “Areneros del Marga Marga” atraviesa el afluente a través de imágenes, con el relato de los lavaderos de oro como eje, quienes cuentan lo rudo de la industria, la composición de sus familias, junto a la inocencia de las emociones entre el agua y el sonido de sus palas.

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Más de 70 páginas impresas en tonos amarillos, celestes, verdes y terracotas, sobre la porosidad elegante del papel ahuesado, hacen las veces de embarcación sobre las aguas del Estero Marga Marga, donde quienes continúan extrayendo oro —en muy pequeñas cantidades —mediante la técnica del lavado se abren a explicar el funcionamiento de la industria, la rudeza de sus vidas y la magia del oficio.
El fotógrafo Mauricio del Pino, docente del Duoc UC, es el capitán del navío que va desde la Ciudad Jardín hasta la zona rural, donde aún corren las gallinas y pastan los burros. “Me interesa el tema de la ciudad en términos de lo desconocido, lo marginal, lo que puede ser una sorpresa culturalmente hablando”, dice el autor de “Areneros del Marga Marga”, agregando que el foco de su cámara estuvo en “el microcosmos social que se genera, de trabajo diario, de oficio”. Así partió el libro.

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“El Estero Marga Marga es un espacio geográfico muy interesante, que está abandonado, pero a la vez abierto, donde hay mucha intervención humana, que ejecuta cambios geográficos, entonces el lugar se abre a otros campos, como la fotografía o el arte contemporáneo”, cuenta el también artista en performance criado en Miraflores, que creció mirando el escenario de su obra.
“Hay un microcosmos ahí”, sostiene Del Pino, “en un espacio rural al medio de la ciudad, e invisible, porque es un límite que debería invitar a la gente a conocerlo, pero está a trasmano a causa de la altura. La idea era acercarme a lugares que por su topografía son desconocidos para la mayoría de la gente, pero políticamente muy interesantes, porque se abren a la nueva posibilidad política de ocupar esos espacios, o de estar en lugares no formateados turísticamente”.
En “Areneros…” las palabras de los buscadores de oro quedan expuestas sobre las imágenes, siguiendo las vetas de la tierra, “porque no hablamos como escribimos, entonces los caligramas me permitieron trabajar el problema de su relato fragmentario. Ellos no hablan en arial, ya que no hay nadie, salvo una persona, que llegó a octavo básico, entonces es gente que tiene una oralidad innata, pero un relato que se construye sin educación formal”, con el que retratan “una vida muy ruda, muy simple, muy honesta”.
Estos siete hombres comenzaron a trabajar “a muy temprana edad, muy pobres, haciéndose cargo de sus hermanos, sobreviviendo con trabajos muy rudimentarios, como haciendo leña, cazando conejos”, hasta que llegaron a los lavaderos. Hoy rondan las siete décadas.
“Hay dos formas de sacar el oro: con máquina, como la gran minería; o abriendo surcos donde se prevé que puede haber oro y haciendo confluir el agua ahí, material que luego se extrae por sedimento, entonces el oro viene muy pulido, lavado”, enseña Del Pino, moviendo los dedos como quien acaricia y disfruta cada grano de arena. “Es un lugar que tiene tanto que decir desde el punto de vista material, de la porosidad y del sustrato, que busqué cómo traducir eso”.
El relato luego fue acompañado por la digitalización de los mapas que los trabajadores dibujaron al autor para explicar su cotidianidad: “Me interesaba ver cómo se activa su imaginario, porque son gente invisibilizada socialmente, dedicada a un oficio, formada en el trabajo duro”.
Páginas más tarde, las que se pueden avanzar con los archivos sonoros alojados en arenerosdelmargamarga.cl, surge la tragedia, donde “la gente del oro dice que se mató el estero por la gran extracción de arena”, en los años 80’s “con la crisis económica que despertó el interés del gobierno para dar una ocupación a la gente sin trabajo, lo que duró hasta los años 90’s, dejando muchas rupturas en el cauce y pozas profundas, entonces hay un daño ecológico que aún no se dimensiona”, pese a la rabia de los desbordes de cada invierno.


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