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ENTREVISTA

Enero/2017

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

Dino Samoiedo, galerista

“EL ARTE NO SOLO SE MIRA, HAY QUE SENTIRLO”

Dueño de la Galería Modigliani de Viña del Mar con 25 años de trayectoria, autor de seis libros, es reconocido con diversos premios –entre los que se encuentra la Orden al Mérito otorgada por el Consejo Mundial de Educación el 2016–. Por su sala han pasado grandes nombres del arte chileno, y lo más importante, no pierde la pasión por difundir algo tan poco valorado en nuestra sociedad: el arte.

Por Alejandra Romero Cabrera / Fotografías Sofía Musa Muencke
CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

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Generoso es la característica que mejor podría definir a Dino Samoiedo, dueño de la Galería Modigliani de Viña del Mar, la única sala privada que sigue existiendo en la ciudad. Generoso, porque durante 25 años ha tenido las puertas abiertas de su espacio para que artistas consagrados y emergentes expongan sus obras en forma gratuita, una actitud digna de valorar, sobre todo en estos tiempos en que prima lo económico y el lucrar por encima de otros aspectos tan importantes como lo es la difusión del arte y la cultura.
El 13 de julio del año pasado Galería Modigliani cumplió 25 años desde que abrió sus puertas al público. Con más de 140 metros cuadrados construidos, en dos niveles, donde el blanco y la luminosidad –entregada por sus grandes ventanales– son el soporte para acoger las obras que se exponen, esta sala es la única en su tipo en la ciudad.

¿Cómo han sido estos años de trabajo?
Ha sido un trabajo sin inconvenientes, muy satisfactorio, pleno, soy muy feliz en lo que hago. Como dice Confucio “El que trabaja en lo que le gusta, no trabaja”; una frase que mi papá, sin haber leído al pensador, la pronunciaba todo el tiempo. El trabajo en la galería ha sido ininterrumpido y siempre he mantenido la línea de traer exposiciones de calidad, entregando un espacio a los artistas consagrados, de los cuales ya muchos han muerto, y además a artistas emergentes.

¿Siempre fue tu idea dar la oportunidad a todos los artistas por igual, tanto a aquellos que eran conocidos en el rubro como a los que recién estaban partiendo?
Sí, siempre quise que la galería fuera un espacio abierto para todos y en este aspecto he mantenido esa línea durante los 25 años. Todos tienen cabida aquí, lógicamente después de una conversación y de conocer el tipo de trabajo que realiza el artista, que puede ser pintor, escultor, dibujante, grabador, fotógrafo, hasta artesanos en joyas han expuesto en la galería. Además he hecho lanzamiento de libros, todo en forma gratuita, porque aquí yo invito.

¿Por qué decidiste abrir una galería?
Yo era un coleccionista incipiente en aquella época, hablamos de los años 80 y 90, entonces ya conocía a los artistas y tenía un vínculo muy directo con ellos. En 1991 en Viña ya no existía una galería privada, la última fue la Casa de Arte Mori que cerró en 1989. Entonces decidí abrir mi galería con una colectiva con los artistas Pablo Vidor, Praxíteles Vásquez, Camilo Carrizo, Reinaldo Villaseñor, Manuel Gómez Hassan, René Quevedo, entre otros.

¿Cómo recibió Viña la apertura de la nueva galería y, en general, cómo ha respondido el público a las exposiciones?
Fue todo muy positivo, pero desde esa época hasta ahora la galería no es de un público masivo ni con una determinada edad. Aquí no hay clase social ni edad, es totalmente transversal, solo se reúnen por el placer de disfrutar del arte. Y este grupo es muy reducido y casi siempre los mismos. El resto de las personas, definitivamente no se interesan. Uno de mis sueños es que la galería sea más visitada, que vengan de colegios o instituciones ligadas al arte.

¿Cómo ves la relación de la sociedad viñamarina y el arte?
La verdad es que los viñamarinos en particular y diría que la sociedad chilena, en general, tienen abandonado el arte, poco se interesan por él y por visitar las exposiciones. Siento que la tecnología le está ganando al arte, sobre todo en los jóvenes, que viven pegados a los aparatos electrónicos.

Parece ser difícil que una galería sea negocio…
Me quedo con una frase de una galerista argentina que dice que “el arte no se vende porque no es un artículo de lujo”, la gente en general prefiere el lujo, joyas, autos, en fin. En Santiago y a nivel internacional sí se da más la venta de arte, pero aquí en la zona es muy poco. A mí me interesa tener esta opción de poder contribuir a tener un espacio donde el que quiera, pueda acceder.

Has tenido exposiciones connotadas… ¿cómo es la respuesta de la gente ante ellas?
Imagínate que son 25 años, por lo tanto, por aquí han pasado un sinnúmero de artistas y exposiciones, algunos muy destacados como Nemesio Antúnez, Mario Carreño, Bororo, Carmen Aldunate, Delia del Carril, Gonzalo Cienfuegos, Eugenio Téllez, Gregorio de la Fuente, por nombrar algunos. Y sin duda, durante los días en que estuvieron montadas las muestras de estos artistas la cantidad de público aumentaba considerablemente.
Sabemos de tu interés por potenciar artistas emergentes, ¿tienes algunos nombres que compartirnos?
Son muchas las promesas jóvenes que han expuesto sus trabajos en la Galería Modigliani, por ejemplo, en la actualidad existe un grupo de tres o cuatro artistas destacados –Martín Riveros, Luis Escalona, Christel, Felipe Quiñones– quienes sí se dedican profesionalmente al arte y no desvían el camino. Creo que si no se desaniman a futuro, podrían llegar a ser muy importantes.

¿Cuál sería tu sueño para la galería?
Un sueño no cumplido sería haber traído una exposición de Claudio Bravo, el pintor chileno hiperrealista. Alguna vez expuse un par de grabados y tuvieron mucho éxito, pero una exposición completa de él en la galería sería un sueño.

Dino, ¿tienes alguna anécdota divertida o curiosa con algún expositor?
Anécdotas tengo muchas, pero pienso que cuando se cuentan ya dejan de ser divertidas. Más que con los artistas, suceden cosas curiosas con el público que asiste a la galería. Por ejemplo, una vez llegó un señor y entró a preguntar por el precio de un grabado de José Balmes que se estaba exhibiendo, yo se lo dije y al instante me dice, “la verdad es que no estoy ni ahí con el arte, ¿tiene una monedita?”.


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