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PATRIMONIO

/2018

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

“No me hagas caso, soy de otro planeta. Veo horizontes donde tú dibujas límites” Frida Kahlo

COYOACÁN: LOS SECRETOS DE LA CASA AZUL

Un escalofrío. Eso recorre la espalda cuando uno sube al segundo piso de la “Casa Azul”, la residencia de Frida Kahlo en Coyoacán, un antiguo barrio aristocrático al sur de CDMX, donde pasó su infancia y adolescencia, y donde comenzó a pintar luego que fuera atropellada por un tranvía que la mantuvo en posición horizontal por casi dos años. Tiempo después también vivió allí con su esposo, el pintor Diego Rivera. Eso explica que en uno de los muros de la entrada haya una suerte de grafitti que lo recuerda: “Aquí vivieron Diego y Frida” 1929 -1954”. Una convivencia que, claro, tuvo luces y sombras. Por eso la pena, el llanto, los lamentos de Kahlo se respiran en las paredes. Especialmente en la que fuera su doble habitación.

Texto y Fotografías: Paola Passig Villanueva
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Un escalofrío. Eso recorre la espalda cuando uno sube al segundo piso de la “Casa Azul”, la residencia de Frida Kahlo en Coyoacán, un antiguo barrio aristocrático al sur de CDMX, donde pasó su infancia y adolescencia, y donde comenzó a pintar luego que fuera atropellada por un tranvía que la mantuvo en posición horizontal por casi dos años. Tiempo después también vivió allí con su esposo, el pintor Diego Rivera. Eso explica que en uno de los muros de la entrada haya una suerte de grafitti que lo recuerda: “Aquí vivieron Diego y Frida” 1929 -1954”. Una convivencia que, claro, tuvo luces y sombras. Por eso la pena, el llanto, los lamentos de Kahlo se respiran en las paredes. Especialmente en la que fuera su doble habitación.

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Un escalofrío. Eso recorre la espalda cuando uno sube al segundo piso de la “Casa Azul”, la residencia de Frida Kahlo en Coyoacán, un antiguo barrio aristocrático al sur de CDMX, donde pasó su infancia y adolescencia, y donde comenzó a pintar luego que fuera atropellada por un tranvía que la mantuvo en posición horizontal por casi dos años. Tiempo después también vivió allí con su esposo, el pintor Diego Rivera.

Eso explica que en uno de los muros de la entrada haya una suerte de grafitti que lo recuerda: “Aquí vivieron Diego y Frida” 1929 -1954”. Una convivencia que, claro, tuvo luces y sombras. Por eso la pena, el llanto, los lamentos de Kahlo se respiran en las paredes. Especialmente en la que fuera su doble habitación.

El recorrido empieza en el primer piso. Allí se exhibe casi un centenar de obras de ella y de su marido. Destacan “El retrato de mi padre Guillermo Kahlo”; el óleo “Viva la Vida”, que pintó ocho días antes de morir; y el óleo “Frida y la cesárea”, donde expresa su gran deseo de querer ser madre.

La casa en cuestión la construyó su padre, Guillermo, en 1904 al estilo afrancesado de la época; fueron Diego y Frida quienes estamparon ese sello inspirado en la cultura de los pueblos mexicanos. La mejor muestra es la cocina preservada en el mismo estado que cuando la utilizaba la pintora. Las vasijas y platos -también la cocina a leña- reflejan hasta qué punto querían vivir una vida lo más apegada a las costumbres ancestrales y el impacto de la cultura mexicana en el estilo de vida gastronómico de la artista.

Al subir la escalera se llega a una pieza donde se encuentra la típica cama con dosel, que tanto estampó en sus cuadros, y sobre el techo una pintura repleta de mariposas de colores que, la verdad, estremecen más que alegran. Al lado hay otra pieza con una cama idéntica, pero en el techo no hay un cuadro, sino un espejo. Es una suerte de duplicación de la vida de Frida: una cama para el día y otra para la noche.

Las sorpresas continúan. En una gran habitación que hace de comedor están los dos relojes realizados en el Barrio de La Luz de la ciudad de Puebla, y que fueron intervenidos por Frida con motivo de su separación. En el primer el reloj, el de la izquierda, se lee: “Se rompieron las horas. 1939 Septiembre”, la hora de su separación. En el otro la artista consignó el lugar y la fecha de reconciliación de la pareja: “En San Francisco California. 8 de diciembre del 40 a las once”.

Distinto es el jardín. Ahí se respira vida. Rodeado de árboles nativos, con una réplica en miniatura de una pirámide azteca y dos fuentes, el patio exhala historia. Uno puede imaginar allí paseando a León Trotsky –quien vivió allí con su mujer -, a Henry Moore, a Remedios Varo y también André Bretón. Si se pone atención se puede escuchar entre las buganvilias el rumor de esas conversaciones bajo el influjo de la revolución soviética y el surrealismo.

Las Casa Azul de calle Londres 247 sobrevivió. También la obra de Frida. Fue un año después de la muerte de Kahlo, en 1955, que Rivera donó la residencia para convertirla en museo. Abrió en 1958. Hoy el museo cuenta con 10 salas de exposiciones (5 permanentes y 5 temporales). También cuenta con una tienda, una librería, cafetería.

Al donarla Rivera dejó todo abierto al público con excepción de un baño que sólo se podía abrir quince años después de su muerte, pero que al final fueron cincuenta. En su interior encontraron miles de documentos, fotos, vestidos, libros y juguetes que dejan entrever los fantasmas que acompañaron a Frida toda su vida y que confirman que lejos de recrear sueños, ella pintó lo que vivió: “Piensan que soy surrealista, pero no es cierto, no lo soy. Yo nunca he pintado lo que sueño. Yo pinto mi propia realidad”.

Tips para recorrer

-Hay que llegar con tiempo. La entrada cuesta 200 pesos mexicanos (7.000 pesos chilenos) y se puede comprar por internet.

-No dejan pasar mochilas, paquetes grandes, ni paraguas.

-El único lugar donde se permite tomar fotografías es en las aéreas verdes, y para fotografiar las salas se debe pagar una cuota extra en taquilla.

– Para llegar hay que bajarse en estación Coyoacán (Línea 3 del metro de color verde olivo). Se toma un microbús sobre Avenida Coyoacán rumbo al Centro de Coyoacán. Hay que bajar en la calle Londres y caminar 4 cuadras.


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