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INTERIORISMO

ABRIL/2018

CASA etc >> El Mercurio de Valparaíso

CON IMAGINACIÓN PROPIA

A 800 metros del Trópico de Capricornio con vista al Canal de Mozambique, se encuentra este hotel en la zona de Tuléar, en Madagascar, en donde el tiempo se detiene bajo un cielo de los más luminosos del mundo.

Texto y Fotos: Marisol Ortiz Elfeldt
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Bruno Decorte, diseñador y decorador, nació en la República Democrática del Congo y creció en África. Fascinado por los muebles y la iluminación, comenzó una carrera en proyectos de decoración en Bélgica, pero ‘una vez que has vivido en África, tienes ese virus toda tu vida’, dejó el país de sus abuelos para volver al continente que lo vio nacer. Su primer destino fue Cape Town en Sudáfrica, ahí se dedicó a la decoración de casas privadas, pero luego su inquietud lo llevó hacia la hotelería en donde dar rienda suelta su gusto y su imaginación.

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Su próximo lugar sería Uganda, creó un lodge ‘tented camp’ y allí permaneció durante 2 años. Con esta experiencia se mudó a Portugal. Tuvo un hotel en donde volcó todo el espíritu africano, pero ‘el bichito’ volvería y sería tener uno en África nuevamente. Y decidió hacerlo en Madagascar.
Sin restricciones para imaginar y crear, nace Bakuba, ‘Le pétit hotel du voyageur’. La idea la plasmó en una caja de zapatos, ahí construyó el modelo de arquitectura y diseño que pensó para el hotel y a medida que iba encontrando los materiales, lo iba creando día a día. Escogió Tuléar por el clima y su entorno. “Nadie creía en mi concepto. Me miraban como un tipo excéntrico y utópico, pero no me importó, yo creía en mi proyecto, y lo comencé”. Nada es fácil en Madagascar o en cualquier otro país de África, cuesta encontrar los materiales y productos que se desean, pero la fortaleza, la imaginación y sobre todo las ganas, lograron prevalecer para crear uno de los hoteles más apetecidos por los viajeros de estas latitudes.
Este pequeño hotel de 6 habitaciones con vista al Canal de Mozambique, a pasos de la playa de arena blanca y mar verde agua, está construido sobre una duna, con maderas naturales, troncos que se han caído después un ciclón, sus muros son de cemento pintado con pigmentos naturales y esculpidos a mano. Su decoración está inspirada en todos los viajes que ha realizado Bruno “creo que si tienes el sentido de la decoración es porque también tienes el sentido de la observación. Siempre estoy mirando a mi alrededor. Si me llama la atención un movimiento, una luz, una curva o una forma, la incorporo de alguna manera en la decoración”. Así ha ido armando cada rincón rescatando objetos antiguos que encuentra en los pueblos, les entrega un lugar y los vuelve a la vida, recupera botellas vacías, tarros de aluminio que convierte en objetos de arte. El uso de la cestería y el aluminio, artesanías típicas del país, están presentes en esculturas, implementos, utensilios, en cada habitación, todas con un sello distinto, pero siempre con la mirada ecléctica de su dueño, el toque étnico de África, y la libertad de crear un estilo propio.

“Yo espero que quien aloja en mi hotel se sienta como en casa pero en otro mundo y que mientras esté aquí siga viajando en su cabeza”.


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